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El Sangremal

¡Qué bárbaro!

Fernando Romero

Jamás pensé que un “regionalismo” tuviera tal fuerza como para ser reconocido en las planas de un diario; hace no mucho tiempo, leí en la sección deportiva de un periódico: «Caé Gallos…».

Los verbos traer y caer –entre otros- reciben un trato especial, al menos en Querétaro; muchos paisanos han decidido que la conjugación grave, en algunas personas, debe ser aguda. Así, frecuentemente escuchamos expresiones como: «¿Traé cambio?» o «mira cómo se caé»; la desinencia en esos casos debe ser grave: traigo, traes, trae, traemos… caigo, caes, cae, caemos… pero algún queretano, por la razón que usted quiera, escuchó «más bonito» si cambiaba el acento a ciertas conjugaciones.

Quizás no exista una explicación convincente para determinar por qué una palabra ha ido evolucionando… probablemente sea por el capricho de un hablante, o una equivocación cometida por un descuido que, a la postre, se queda para siempre; en especial si fue objeto de escarnio entre los oyentes.

Cuando se trata del primer caso –arbitrariedad del hablante-, resulta imposible encontrar el origen de una determinada palabra; basta con que una persona use la «variante», para que se propague entre sus amigos y personas cercanas (y ni qué decir si es empleada en las modernas redes sociales…).

Tenemos otra posibilidad; cuando en el seno familiar, uno de los hijos nomina -entre balbuceos- a algún miembro de su familia, muy probablemente ese nombre «se le quede» por el resto de su vida. Existen apodos más reconocidos que los mismos nombres propios… y, en muchos casos, nadie recuerda su origen.

Así pudo ser el nacimiento de los «queretanismos» mencionados: «traé» y «caé». ¿Desde cuándo son empleados en el lenguaje cotidiano?, ¡sepa Dios! Mi madre, «queretana… y de las de antes», siempre se negó a aceptar tales «barbaridades»; ella, parte de la desheredada aristocracia queretana y orgullosa egresada de la «Josefa Ortiz de Domínguez», siempre defendió la cultura de su terruño; «los queretanos no decimos así…», argumentaba. 

Será el sereno… pero solamente aquí podemos escuchar un estruendo si un vaso se «caé» y se rompe, o si los Reyes Magos te «traén» un regalo. ¡Queretanismos!

        

 


 

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

  

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